"Quiero que tengan mejor educación sexual que yo"

A-B-C para mamás y papás

 

Mucho tiempo pensamos que hablar sobre sexualidad era “darle alas” a adolescentes y eso aumentaba el riesgo de embarazos. También creímos, erróneamente, que “cuando cumpla quince años la pongo a planificar” o “yo le compro condones y se los dejo en la mesa de noche” sería suficiente para, de nuevo, evitar embarazos…

 

Un embarazo no deseado ha sido el fantasma de muchas familias, como si fuera el único riesgo al que se exponen cuando tienen una vida sexual desinformada. Les pregunto…

 

 

¿No nos preocupa un contagio que comprometa su salud sexual definitivamente?

 

¿No nos parece importante que prevengan situaciones de abuso y violencia sexual que confunden con enamoramiento?

 

¿No nos inquieta que sí disfruten de su cuerpo y no repliquen los estereotipos de fingir y cumplirle al otro?

 

¿No nos interesa que amen su cuerpo y no lo aporreen con prácticas extremas para hacerlo ideal?

 

Mamás y papás, sabemos que hay temas incómodos de hablar porque no tenemos las respuestas claras (tal vez a ustedes tampoco se las dieron), sin embargo, no tiene que seguir siendo así. Hablar de sexualidad puede ser tan cotidiano como tranquilizante para tu familia. 

 

 

Empecemos por tener claro que cuando los adolescentes tienen preguntas no serán de información, es decir, Internet tiene demasiada y seguramente ya la leyeron. Eso no significa que sea efectiva o resuelva dudas. ¡Al contrario! Con un mar de conceptos sin digerir o conversar con alguien que les ayude a aterrizarlos, estos generan más dudas, comparaciones, expectativas irreales y la ansiedad aumenta, pueden tomar decisiones torpes o sentirse muy entendidos en el tema y cometer errores. 

 

Mamás y papás, la realidad es esta: todos los adolescentes tienen dudas (así no se las hagan o parezca que no les interesa el tema), tienen pena de conversarlas con ustedes y, tal vez, ustedes con ellos. Esto es un trabajo en equipo, alguien da el primer paso y juntos van construyendo lo que aparezca. Lo más importante es que sean referencia de confianza para ellos cuando quieran hablar sobre cualquier tema, aunque no tengan las respuestas, prefieran que el tema aparezca años más tarde o no se sientan preparados para hacerlo.

 

La educación para la sexualidad no se trata de explicar cómo tener sexo, por el contrario, consta de -aprender a tomar decisiones sobre sí mismo y su cuerpo-. Entendamos esto con ejemplos:

 

 

Ejemplo 1: una niña cree que si un niño le trata feo y le agrede en el colegio es porque le gusta. Lo asertivo es que ella sepa ponerle un límite, le exija respeto y no sostenga la idea de que el enamoramiento es doloroso.

 

Ejemplo 2: un adolescente quiere tener sexo con su novia, todos sus amigos ya lo han hecho en sus relaciones y siente que no puede esperar más; su referencia es la pornografía y su motivación es la presión de sus pares. Lo asertivo es que él pueda separar las demandas que recibe de lo que pasa en su relación. Es decir, tener relaciones sexuales en el noviazgo debe partir de un común acuerdo, de un deseo mutuo de explorar. De un sí rotundo de ambos, no de un ítem en la checklist.

 

Para que logremos lo anterior, te comparto este A-B-C para que lo ejecutes en tu familia.

 

A. Primero los adultos

 

 

Sean pareja o no, mamá y papá deben ponerse de acuerdo en el marco de referencia para abordar este tema. Nada ganamos si uno respalda todo lo que los hijos creen y el otro prohíbe y condena cualquiera de esas ideas. Para lograr esta coherencia es fundamental que lo conversen y establezcan, como familia, qué enfoque quieren darle al tema.

 

Para que este sea más fácil de construir, pregúntense cómo fue la experiencia de ustedes y si fue oportuna y suficiente para las decisiones que debían tomar. Con base en esto, definan qué desean que sus hijos reciban durante la adolescencia y qué recursos van a necesitar.

 

En otras palabras: primero los adultos deben acordar qué y cómo para que hablen el mismo lenguaje frente a sus hijos

 

B. Se habla a diario

 

Nos da susto sentarnos todos en la sala y decir: “tenemos que hablar de sexo”. Así no debe ser. Salvo que sea un tema emergente que requiera conversación inmediata, sí, de lo contrario, te propongo esta forma:

 

-Utiliza todo lo cotidiano para establecer conversación e intercambiar ideas. Lo más importante de ellas es que les pongan en contexto, ubíquenlos como protagonistas de otras historias y pregunten “¿qué harías/dirías tú?”.

 

 

Por ejemplo: en un centro comercial ven a una adolescente en embarazo… “Ella tiene casi tu misma edad, ¿cómo manejarías tú la situación si supieras que en un par de meses vas a ser mamá/papá? ¿Sabes evitar que eso pase? ¿Buscamos información?

 

Otro ejemplo: sabes de un adolescente cercano que tiene consumo de sustancias y está seriamente comprometido… “Si tu vida estuviera así de inestable, ¿a quién le pedirías ayuda? ¿Cómo le ayudarías tú a él para que no se siga haciendo daño? Como papás nos confrontaría mucho saber que estás consumiendo, queremos hacerte saber que estamos aquí para lo que necesites, lo bueno y lo malo.

 

C.  Aprendan siempre algo nuevo

 

Así como ellos, mamá y papá siempre tendrán algo nuevo que aprender (conceptos, prácticas, tendencias, artistas influyentes, aplicaciones de moda…). Estar actualizados es la mejor manera de tener siempre temas de conversación que pueden partir de un ¿me explicas cómo es que están funcionando eso de…?”

 

A veces ubicarnos como adultos en el lugar de no comprender sus dinámicas, les da a ellos la posibilidad de darnos sus opiniones de manera más fluida, porque no sienten predisposición o ideas preestablecidas que vayan a juzgarlos.

 

 

Aquí en EnConfianza siempre vamos a tener recomendaciones para que ser mamá y papá de adolescentes no sea una tarea difícil, por el contrario, que puedan atesorar esta etapa como en la que más se acercaron a sus hijos y los educaron para la sexualidad.

 

Por último, recuerden que a ustedes también les molestó cuando los adultos tuvieron eternos sermones de lo que estaba bien o mal, de lo pecadores o liberados que estaban siendo y, sobre todo, de lo molesto que fue que nunca les pidieran su opinión en los temas que tenían que ver con ustedes. Así que, hay que hacerlo mejor que eso…

 

Seguimos hablando EnConfianza, hasta pronto.

 

Juliana.